Fiel a su ambición por crear el mejor champagne del mundo, la Maison presenta un vino como ningún otro, con una complejidad que combina la audacia del Rosé y la longevidad del Œnothèque.
Casi veinte años en bodega que han conferido a Dom Pérignon Rosé Œnothèque 1992 un carácter íntimo e intrigante, de intensidad radiante, profundidad infinita, tentador y misterioso. La encarnación máxima de la sensualidad en el paladar. El estilo Dom Pérignon magnificado.
Con una intensidad deslumbrante, cálida opulencia y gran profundidad, se trata de la metamorfosis más bella del Rosé, una paradoja aún más aguda y afinada. En definitiva, un viaje en el tiempo a donde “todo es belleza, lujo, calma y voluptuosidad”.
Con apenas 5 botellas en España de Dom Pérignon Rosé Oenothèque 1992, cada una de ellas ha sido probada y aprobada por un experto enólogo de la Maison. Una última etapa antes del lanzamiento del vino que garantiza su calidad incuestionable.
PVP Recomendado: 1.000 €
Nota de cata
Color: color rosa cobrizo, con reflejos coral.
Nariz: las primeras notas de hierbas secas dan paso inmediatamente a la cáscara de naranja confitada. El conjunto se completa con inflexiones tostadas, ahumadas y de cacao.
Boca: el ataque es pleno, aéreo, acariciante. La intensidad se afirma progresivamente y se intensifica, para sostener la nota penetrante de savia.
La cosecha de 1992:
Después de tres años de heladas primaverales, la brotación de los viñedos de la región de la Champagne se desarrolló por fin en condiciones clementes. La floración, precoz y completa, duró hasta mediados de junio. El verano fue cálido y se caracterizó por varias tormentas de granizo aisladas. La vendimia comenzó el 14 de septiembre. La madurez resultó óptima, y la calidad de los mostos de una finura y una redondez extraordinaria.
Hace un año nació una estrecha y fructuosa colaboración entre David Lynch y Dom Pérignon.
Una colaboración que no es fruto del azar. Los universos de Dom Pérignon y David Lynch tienen numerosos puntos en común: el misterio, la intensidad, la implicación, el tiempo, la reinvención permanente de si mismo y, sobre todo, una confianza absoluta en la fuerza creativa.
La campaña publicitaria
En diciembre de 2011, Dom Pérignon revela la campaña publicitaria fotografiada por David Lynch para las añadas Dom Pérignon 2003 y Dom Pérignon Rosé 2000. Una de las más hermosas y más impactantes realizadas por Dom Pérignon. La botella nunca había sido fotografiada así.
Durante dos días, en un estudio-taller de California transformado en cámara oscura, David Lynch emprendió́ un viaje inmóvil en torno a la botella intemporal de Dom Pérignon. Lynch imaginó, inventó guiones, diseñó decorados y experimentó extrañas y pequeñas tramoyas teatrales, utilizando accesorios inesperados y múltiples efectos especiales.
De estas exploraciones fotográficas surgieron numerosas imágenes, testimonio de la singularidad de su visión personal. Finalmente se seleccionaron dos imágenes: una para Dom Pérignon 2003 y otra para Dom Pérignon Rosé 2000. Estas dos fotos se utilizaron para la campaña.
Esta experiencia marca el encuentro de dos mundos. David Lynch aporta la dimensión onírica y cautivadora de su propio universo estético al misterio y la sensualidad de Dom Pérignon. Bajo su mirada, la botella se convierte en paisaje fantástico en el que penetramos como transportados en un largo travelling. Detrás de la etiqueta emblemática, que tiene la fuerza de un escudo de armas, parecen adivinarse fantásticos rascacielos en segundo plano. Edificios que parecen erigir su improbable silueta en un claroscuro urbano de resplandores crepusculares. Más allá́, a lo lejos, nos perdemos en tinieblas indescriptibles, iluminadas aquí́ y allá́ por destellos de luz en suspensión.
David Lynch observa como un vidente. Revela. De las profundidades reales e imaginarias de la botella, hace surgir imágenes turbadoras. Estas fotos son como una invitación. Una invitación al misterio, intenso y luminoso para Dom Pérignon 2003. Una invitación a la transgresión, vibrante y seductora para Dom Pérignon Rosé.
Las fotos nos dicen que entrar en el universo de Dom Pérignon es una experiencia total.
Edición limitada
Después de haber fotografiado las botellas de Dom Pérignon y Dom Pérignon Rosé, el creador David Lynch las reinventa una vez más. Inspirándose en sus fotos, les da un nuevo rostro a través de una edición limitada, diseñada y firmada por el director de cine californiano.
“La creatividad debe expresar la naturaleza profunda de las cosas”, dice David Lynch. Esta edición es la expresión absoluta de una fructuosa colaboración basada en una confianza común absoluta en la fuerza creativa.
El estuche
En primer lugar, la mirada se pierde como en un mundo recóndito de ciencia ficción, iluminado aquí́ y allá́ por destellos de luz en suspensión en un biotopo nocturno. El estuche “Dom Pérignon by David Lynch” intriga. La firma de David Lynch figura en medio de los reflejos tornasolados según el ángulo de la mirada. En este universo holográfico, el relieve discreto de su superficie es perceptible.
El estuche Dom Pérignon se presenta como un pequeño teatro mágico, uno de esos teatros que a David Lynch le gusta inventar. Las cintas de seda en cada extremo permiten levantar el telón para desvelar el interior del estuche, donde las siluetas lynchianas claroscuras anuncian un mundo donde el misterio es un juego. Ya se vislumbra la botella icono de Dom Pérignon.
La botella
Al describir el trabajo de transfiguración realizado con la botella de Dom Pérignon, David Lynch habla de la búsqueda de su “profundidad” y su “tridimensionalidad”. Cada botella está vestida – aunque podríamos decir habitada– por esos juegos de luces y sombras, esos efectos de superficie y profundidad, que acentúan su seducción, vibrante e impenetrable.
Para esta botella, David Lynch ha imaginado una etiqueta-escudo de pátina aleatoria de bronce. La etiqueta, gruesa y metálica, presenta reflejos de granito con destellos de mica, salpicada de líneas y venas de una notoria modernidad estética. Su firma plateada se destaca como un gesto elegante.
En esta atmósfera, que fluctúa entre sueño y realidad, entre luz y sombra, como su mundo, David Lynch nos invita a descubrir una añada excepcional: Dom Pérignon 2003, intensa, luminosa y misteriosa. Una invitación como la promesa de una experiencia divina y profana al mismo tiempo.
Jeroboam edición limitada
Dom Pérignon y David Lynch celebran la presentación de la edición limitada “Dom Pérignon by David Lynch” el 20 de junio en Los Ángeles.
Para esta ocasión, David Lynch ha vestido diez Jeroboams (3L) de Dom Pérignon Vintage 2003, todos ellos numerados. Dos ejemplares serán firmados a mano por el propio David Lynch.
Para estas veinte botellas, David Lynch ha diseñado un vestido metálico que representa la sublimación de este magnífico juego de luces y sombras que dan toda su potencia, su misterio y su seducción a las fotos que ha realizado para Dom Pérignon.
Para ir hasta el final de este sueño, David Lynch y Dom Pérignon recurrieron al talento de Pierre Meurgey, uno de los grandes maestros orfebres de las artes de la mesa. Los diez vestidos de metal fueron realizados en su taller parisino, según las reglas y los procedimientos artesanales de un saber hacer a la francesa, heredero de una larga tradición.
Estos vestidos finamente labrados envuelven el cuerpo de la botella y brillan con la misma pátina que su vidrio cepillado de color bronce para Dom Pérignon Blanc. Los vestidos también presentan, igualmente sublimados, los efectos de reflejos, profundidad y luces que intuitivamente puso en escena en sus fotos.
Esta es una serie limitada exclusiva de 10 piezas, que serán vendidas únicamente bajo pedido especial a la Maison.
El resultado es deslumbrante. Estas diez piezas de colección fuera de lo común son un homenaje a una añada excepcional.
Dom Pérignon te invita a descubrir Dark Revelation, una increíble experiencia sensorial para disfrutar en la intimidad del hogar.
Un viaje inolvidable al corazón de Dom Pérignon a través de cinco colores, cinco texturas, cinco sensaciones, cinco maravillas culinarias y cinco contrastes.
El ritual Dark Revelation se ha creado a la medida del Dom Pérignon Vintage 2003, que se desnuda ante los comensales a lo largo de una cena de cinco actos desvelando su intensidad incomparable.
Los cinco tiempos de Dark Revelation
El ritual de degustación de Dom Pérignon Vintage 2003 tiene lugar en torno a una gran mesa negra donde todo va en consonancia con el Dark Dom Pérignon. Está decorada con jarrones y flores Dark que se retiran cuando llega el primer maridaje, el primer color. Los platos y las bandejas son blancos o negros, siempre monocromos y de líneas muy sobrias. Han sido concebidos como joyeros minimalistas e inmaculados, pensados para desaparecer ante el plato presentado y realzar su textura y su color. Los cinco tiempos de esta experiencia reveladora se inspiran en la huella cromática de Dom Pérignon Vintage 2003.
1. Blanco. La pureza Huevo a la Passard
Presentado en una huevera blanca, todo en este plato, desde la vista al paladar, transmite virginidad, inocencia, predisposición sin prejuicios ante la experiencia que va a comenzar. La metáfora de esta pureza viene dada por un delicado ritual de purificación con el que renovar nuestras manos y dar comienzo a la experiencia.
El huevo pasado por agua «a la Passard» es una receta del talentoso chef francés Alain Passard. Al hundir la cuchara en la suave crema, surge la yema del huevo que anuncia la siguiente etapa del viaje. Especias como la pimienta, el clavo o el jengibre se mezclan de forma armónica con las nubes de dulzura provenientes de la nuez moscada y el sirope de arce. Casi se distingue un aroma de pasteles…
La textura un tanto carnal de Dom Pérignon 2003 acepta la cremosidad del plato. Pero, al mismo tiempo, como si hubiera sido desafiado, el vino se yergue con un frescor inesperado que aporta tonicidad al conjunto. Nos sorprende. El descubrimiento ha comenzado.
2. Amarillo. La luminosidadRissoto al azafrán
Para representar la claridad que destila Dom Pérignon Vintage 2003, la Maison se ha inspirado en los delicados farolillos chinos, cuya liviandad los hace volar con apenas una luz como único empuje, una pequeña llama. Una metáfora que se representará ante los comensales a través de una frágil bolsita de té oriental.
A continuación, se descubre el mejor de los arroces, la variedad Acquerello cuyo color amarillo resalta en un plato hondo blanco, este arroz italiano encierra la nobleza de sus siete años de envejecimiento en su propia vaina Su grano es perfecto, no ha sufrido ninguna rotura por eso le llaman «el arroz de los chefs».
Al entrar en contacto con el plato, el champagne reacciona inmediatamente, desplegando toda su nitidez. Se trata de un encuentro de dos materias poderosas y con carácter, una fusión envuelta por el azafrán yodado, como toque final, que redondea el resultado con una mineralidad arcaica que intriga.
3. Rojo. La intensidad Caviar Prunier Saint-James y gelatina de hibisco
La fuerza y magnitud del champagne se simboliza a través de una presentación misteriosa en una campana de cristal transparente. A través de él, apenas se aprecian las sorpresas que nos deparan, tan sólo una bruma de humo que se mueve inquietante en el interior. Al levantar la campana, nos embriagan recuerdos frente a una chimenea de invierno, gracias a una suave fragancia de madera de haya. Al disiparse, se muestra un plato redondo negro y, en su interior, el caviar, entre gris y negro, reposa sobre el lecho rojo oscuro y brillante de la gelatina de hibisco. Y todo ello impregnado de un sabor a pimienta aromatizada con flores y frutos rojos.
La mezcla con el vino hace que éste casi recuerde a los whiskys de las islas escocesas. La mezcla es incisiva, sensual, teatral, casi shakesperiana. Rico y ambivalente, en esta etapa conseguimos descubrir el champagne en su dimensión más global.
4. Dark. La rareza Mole negro sobre foie gras a la plancha
Para enfrentarse a este cuarto ritual, la confianza es premisa fundamental, ya que se debe experimentar con los ojos tapados. De esta forma, nada del alrededor se interpondrá en la experiencia y la rareza de los ingredientes y las notas de Dom Pérignon Vintage 2003 se disfrutará de forma plena. Se trata de un mole negro, una mezcla espesa, compuesta por unos cuarenta ingredientes, tan antigua con el país del que proviene, México, donde es una de las bases de su cocina.
Servido en cuchara de bocado sobre plato negro, lo acompaña un foie gras de ligereza casi inmaterial. En el corazón de este Dark, el maridaje se vuelve cálido, concentrado de energía, y el vino brilla con una extraña blancura argentada, color platino, como un metal precioso en la oscuridad. Nos deslumbra.
5. Verde. La frescura Helado de té matcha con biscuits de té verde
Para finalizar, los comensales disfrutarán de un delicioso helado de té matcha acompañado de biscuits de té verde.
El polvo fino de té verde molido se mezcla en agua caliente con un pequeño batidor de bambú llamado chasen. Servido en un vaso transparente, destaca el sabor dulce del té matcha con un leve toque amargo al final. Se bebe de un trago para evitar la amargura de la victoria. Al beber el champagne a continuación, éste reacciona inmediatamente en el paladar y se impone a esa amargura con sus aromas más cítricos. Así, una sensación de frescura inunda a quien lo disfruta, y de repente finaliza el viaje con una extraña sensación de hierba fresca.