Dom Pérignon te invita a descubrir Dark Revelation, una increíble experiencia sensorial para disfrutar en la intimidad del hogar.

Un viaje inolvidable al corazón de Dom Pérignon a través de cinco colores, cinco texturas, cinco sensaciones, cinco maravillas culinarias y cinco contrastes.

El ritual Dark Revelation se ha creado a la medida del Dom Pérignon Vintage 2003, que se desnuda ante los comensales a lo largo de una cena de cinco actos desvelando su intensidad incomparable.

Los cinco tiempos de Dark Revelation

El ritual de degustación de Dom Pérignon Vintage 2003 tiene lugar en torno a una gran mesa negra donde todo va en consonancia con el Dark Dom Pérignon. Está decorada con jarrones y flores Dark que se retiran cuando llega el primer maridaje, el primer color. Los platos y las bandejas son blancos o negros, siempre monocromos y de líneas muy sobrias. Han sido concebidos como joyeros minimalistas e inmaculados, pensados para desaparecer ante el plato presentado y realzar su textura y su color. Los cinco tiempos de esta experiencia reveladora se inspiran en la huella cromática de Dom Pérignon Vintage 2003.

1. Blanco. La pureza Huevo a la Passard

Presentado en una huevera blanca, todo en este plato, desde la vista al paladar, transmite virginidad, inocencia, predisposición sin prejuicios ante la experiencia que va a comenzar. La metáfora de esta pureza viene dada por un delicado ritual de purificación con el que renovar nuestras manos y dar comienzo a la experiencia.

El huevo pasado por agua «a la Passard» es una receta del talentoso chef francés Alain Passard. Al hundir la cuchara en la suave crema, surge la yema del huevo que anuncia la siguiente etapa del viaje. Especias como la pimienta, el clavo o el jengibre se mezclan de forma armónica con las nubes de dulzura provenientes de la nuez moscada y el sirope de arce. Casi se distingue un aroma de pasteles…

La textura un tanto carnal de Dom Pérignon 2003 acepta la cremosidad del plato. Pero, al mismo tiempo, como si hubiera sido desafiado, el vino se yergue con un frescor inesperado que aporta tonicidad al conjunto. Nos sorprende. El descubrimiento ha comenzado.

2. Amarillo. La luminosidad Rissoto al azafrán

Para representar la claridad que destila Dom Pérignon Vintage 2003, la Maison se ha inspirado en los delicados farolillos chinos, cuya liviandad los hace volar con apenas una luz como único empuje, una pequeña llama. Una metáfora que se representará ante los comensales a través de una frágil bolsita de té oriental.

A continuación, se descubre el mejor de los arroces, la variedad Acquerello cuyo color amarillo resalta en un plato hondo blanco, este arroz italiano encierra la nobleza de sus siete años de envejecimiento en su propia vaina Su grano es perfecto, no ha sufrido ninguna rotura por eso le llaman «el arroz de los chefs».

Al entrar en contacto con el plato, el champagne reacciona inmediatamente, desplegando toda su nitidez. Se trata de un encuentro de dos materias poderosas y con carácter, una fusión envuelta por el azafrán yodado, como toque final, que redondea el resultado con una mineralidad arcaica que intriga.

3. Rojo. La intensidad Caviar Prunier Saint-James y gelatina de hibisco

La fuerza y magnitud del champagne se simboliza a través de una presentación misteriosa en una campana de cristal transparente. A través de él, apenas se aprecian las sorpresas que nos deparan, tan sólo una bruma de humo que se mueve inquietante en el interior. Al levantar la campana, nos embriagan recuerdos frente a una chimenea de invierno, gracias a una suave fragancia de madera de haya. Al disiparse, se muestra un plato redondo negro y, en su interior, el caviar, entre gris y negro, reposa sobre el lecho rojo oscuro y brillante de la gelatina de hibisco. Y todo ello impregnado de un sabor a pimienta aromatizada con flores y frutos rojos.

La mezcla con el vino hace que éste casi recuerde a los whiskys de las islas escocesas. La mezcla es incisiva, sensual, teatral, casi shakesperiana. Rico y ambivalente, en esta etapa conseguimos descubrir el champagne en su dimensión más global.

4. Dark. La rareza Mole negro sobre foie gras a la plancha

Para enfrentarse a este cuarto ritual, la confianza es premisa fundamental, ya que se debe experimentar con los ojos tapados. De esta forma, nada del alrededor se interpondrá en la experiencia y la rareza de los ingredientes y las notas de Dom Pérignon Vintage 2003 se disfrutará de forma plena. Se trata de un mole negro, una mezcla espesa, compuesta por unos cuarenta ingredientes, tan antigua con el país del que proviene, México, donde es una de las bases de su cocina.

Servido en cuchara de bocado sobre plato negro, lo acompaña un foie gras de ligereza casi inmaterial. En el corazón de este Dark, el maridaje se vuelve cálido, concentrado de energía, y el vino brilla con una extraña blancura argentada, color platino, como un metal precioso en la oscuridad. Nos deslumbra.

5. Verde. La frescura Helado de té matcha con biscuits de té verde

Para finalizar, los comensales disfrutarán de un delicioso helado de té matcha acompañado de biscuits de té verde.

El polvo fino de té verde molido se mezcla en agua caliente con un pequeño batidor de bambú llamado chasen. Servido en un vaso transparente, destaca el sabor dulce del té matcha con un leve toque amargo al final. Se bebe de un trago para evitar la amargura de la victoria. Al beber el champagne a continuación, éste reacciona inmediatamente en el paladar y se impone a esa amargura con sus aromas más cítricos. Así, una sensación de frescura inunda a quien lo disfruta, y de repente finaliza el viaje con una extraña sensación de hierba fresca.

Para vivir la experiencia Dark Revelation visita www.mydarkrevelation.com

Precio para 6 personas a partir de 2.400€

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