Maldito despertador querido
Un lunes más sonó el despertador muy pronto, más pronto que los días de trabajo.
Un lunes más al oírlo pensé en pararlo, ignorarlo y seguir durmiendo, pero…
Un lunes más mi curiosidad, mis ganas de aprender, mi ilusión por descubrir cosas nuevas pudieron con los pensamientos negativos y mi pereza al salir de la cama calentita, y finalmente me levanté.

Ese día tocaba visita de bodega. Pero podría decir que tocaba clase de geografía, historia, climatología, geología, sentimientos, aprendizaje, relaciones, alegría,….. ¡Cuanto aporta una simple visita a bodega!

Con una distribuidora catalana y unos cuantos profesionales del mundo del vino, nos alejamos del lluvioso día de la ciudad condal para, a pesar de las previsiones, llegar a Darmòs, un pequeño pueblo soleado de la zona del Montsant para pasar el día en Vinyes d’en Gabriel.

Como muchas de las visitas, empezamos la jornada pisando y observando las viñas bajo la supervisión y explicaciones de Josep María (4º generación). ¡Qué espectacular estaba la viña! El paisaje de los viñedos en otoño con su diversidad de colores me recuerda algunos cuadros impresionistas.

Es enternecedor ver como la viña descansa, sola, en silencio, después del bullicio y la agitación de la época de vendimia. Sabe que ahora son tiempos más tranquilos, acaba de cambiar el color de su pelaje (de las variaciones de verdes pasa a tonos más amarillentos, anaranjados, ocre, burdeos. Una preciosidad). Esto es el principio del fin. Pronto se quedará desnuda, luego vendrá la poda y la lucha un año más contra las intemperies y las enfermedades.

Bonito es ver los contrastes entre la filosofía de esta bodega que trabaja de manera ecológica (el año que viene ya tendrán el certificado) y la viña vecina. En vinyes d’en Gabriel todo es más “salvaje”, algunos llegan a pensar que esta descuidada, abandonada u olvidada. Josep María, como Rene Barbier por ejemplo en el Priorat, piensa que cuanta más competencia tenga el cep en el suelo, más vigorosa será. La vista del terreno del vecino es muy diferente, muy arregladita sin nada de malas hierbas ni competencia radicular. Dos maneras opuestas de entender la viña.

En temporada de poda, en esta bodega se pasean con una carretilla agujereada desechando dentro los sarmientos innecesarios para quemarlos y dejar caer por los agujeros las cenizas sirviendo de abono natural. Con esta práctica también aprovechan para matar cualquiera enfermedad que pudiera tener la viña.

A la hora de sulfatar, Josep María se va a la quesería a buscar litros de suero de leche para expandirlo por las parcelas y así evitar las posibles apariciones indeseables de enfermedades como el oídio.

A parte de trigo y cebada, tienen pensamientos de sembrar mostaza blanca. Parece ser que aumenta la cantidad de sulfuroso en la uva y esto haría que más tarde en la bodega no habría que rectificarla apenas.

Durante este paseo pudimos ver un cep de Quichal de Llop, uva blanca autóctona poco expandida que quieren recuperar, así como los nuevos proyectos de plantación de garnacha blanca. Me encanta ver como poco a poco muchos elaboradores intentan recuperar variedades de uvas autóctonas desaparecidas.

En general plantaciones de viñas viejas a muy viejas, con unas cariñenas centenarias con producciones bajas (menos de 1kg por cep). Que grandes y fornidos estaban gran parte de estos ceps. Todo el paso del tiempo se veía reflejado en estas robustas y arqueadas plantas; algunas garnachas hasta parecían arboles.

Unos viñedos rodeados de olivos, almendros y romero, que de bien seguro dejan huella en los diferentes caldos de esta bodega.

El siguiente paso fue el paso por la bodega y degustación de las botellas de la casa. Para no extenderme, solo comentar un nuevo proyecto que saldrá a la luz  en unas semanas: A Mans : un mono varietal de cariñena tinta; pocos hay en el mercado. Complejidad, frescura, amable y largo en boca. Un vino que creo dará mas prestigio a esta bodega.

¿Cómo acaban las visitas?……………………………….. shuuuuu, nunca se pueden contar todos los secretos!!!

Así que,……..¡que aproveche!

Por cierto, espero que pronto vuelva a sonar este “maldito despertador querido” para poder vivir otro día lleno de colores, emociones y conocimientos.

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